Algo bueno está pasando en La Siesta

Lo que ocurre últimamente en La Siesta de Tocumen parece sacado de un libro de historia. El nuevo complejo cultural y deportivo del vecindario ha provocado en la comunidad -en tiempos de sálvese quien pueda y juega vivo- un espíritu de solidaridad y compañerismo escasamente visto en la hacinada y desigual ciudad que habitamos.

Así lo cuenta con un ejemplo Nelys Pinzón, administradora de los asuntos culturales en el complejo. En marzo hubo un incidente en el área de juegos infantiles. Mientras jugaba, un niño se cayó, fracturándose el brazo. Hubo que trasladarlo rápidamente al hospital. Para cuidar de él en los días posteriores al accidente, su madre tuvo que faltar cinco días al trabajo. Ausencias que le serían descontadas de su salario. Un golpe duro a la economía de una madre soltera.

Con un solo mensaje de WhatsApp, Nelys activó a la comunidad. “Tenemos un chat con los padres y madres que traen a sus niños aquí”, detalló. Les explicó lo sucedido, agregando que se colocaría una caja en la recién inaugurada Biblioteca Municipal Copa Airlines -ubicada en la planta baja del Complejo- donde se podrían donar alimentos para el travieso convaleciente y su madre. Se acercaron muchos vecinos de la comunidad y la caja no tardó en llenarse.

Un sentido de pertenencia

Los padres de familia del barrio sienten suyo ese nuevo espacio deportivo y cultural. Siempre que sea necesario, acuden a limpiar las aulas donde se dictan los talleres artísticos, a ordenar o a pintar. Incluso se han voluntariado para promocionar lo que ocurre allí en la comunidad. “Una madre ofreció su carro para ponerle un altoparlante y salir a vocear”, cuenta Nelys.

Para completar el equipo, recientemente se integró a la familia cultural de La Siesta la bibliotecaria Yadira Herrera. Dentro de poco se graduará como licenciada en trabajo social, inspirada desde la niñez porque una trabajadora social fue quien ayudó a su familia cuando hizo falta.

En días pasados, con un grupo de talleristas, madres y niños se fue de excursión al parque de La Siesta para promocionar las actividades del Complejo. Mientras el maestro de break dance bailaba, el de guitarra tocaba una melodía y los niños repartían volantes, contándole a los transeúntes sobre los maravillosos talleres que se ofrecen de manera gratuita a niños y jóvenes en el corazón de La Siesta.

Las opciones son variadas: chelo, teatro, pintura y grafiti, danza moderna, guitarra, break dance. También hay ‘Hora del Cuento’ en la nueva biblioteca, literatura infantil y reforzamiento académico.

“Antes no se encontraban oportunidades así y yo llevo 8 años viviendo acá”, dice Yulissa Farquez. Muchos participantes llegan desde lejos, incluso de otros corregimientos, como la 24 de Diciembre o las Mañanitas. Algunos aparecen uniformados a tomar su taller y luego se van a la escuela, en el turno vespertino.

Las dos hijas de Farquez están encantadas. Una aprende a tocar chelo y a hacer teatro; la otra está en taller de canto y break dance. “Les ha ayudado con la autoestima, a perder la pena y creer en sí mismas. La más grande es tímida no le gusta interactuar con los demás, pero aquí lo hace”.

Herramientas para la vida

El propósito del programa cultural del Complejo no solo es explorar la vena artística y la imaginación de los niños y jóvenes de La Siesta, sino también brindarles herramientas para crecer como individuos. La autoestima es una de ellas, como reconoce Farquez, pero también la solidaridad, el compañerismo y el trabajo en equipo. Son habilidades que les van a servir toda la vida y son el resultado de la metodología que se aplica en los talleres, basada en el amor, el juego y la creatividad.

“Al centrarnos en un trabajo de afecto, respeto al prójimo y responsabilidad a nuestra comunidad, generamos jóvenes que reflejan esperanza y que armados con amor pueden confrontar sus realidades con más empatía y verdadera resiliencia”, explica Giselle Mercier, directora de Expresiones Creativas y Artísticas de la Alcaldía de Panamá. “Y el juego, porque como niños aprendemos jugando -tanto a ganar como a perder, con dignidad- y generamos un espíritu de hermandad, tolerancia y autoconocimiento. Y por último la creatividad, que nos permite expresarnos, nos llena de posibilidades, nos enseña a pensar de forma crítica. Con ella formamos jóvenes emprendedores e innovadores”.

“Es un aporte interesante para la educación artística en Panamá, especialmente en comunidades donde no hay acceso fácil a este tipo de propuestas”, indica Margarita González, encargada de entrenar a los talleristas en esta pedagogía.

“Todos los valores que encarna este proyecto encajaron perfectamente con la visión de Responsabilidad Social Empresarial de Copa Airlines. Por eso se convirtieron en uno de los principales aliados para la adecuación de estas instalaciones de tan alta calidad en Tocumen”, destaca Alexandra Schjelderup, directora de Cultura de la Alcadía de Panamá. 

Y es ese cariño tan evidente que ahora circula por los pasillos del Complejo el que ha contagiado a la comunidad, hilando historias compartidas para convertir a La Siesta en una gran familia.

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